Lo ideal sería que el niño en edad preescolar estuviera con la madre en un ambiente familiar, jugando con sus hermanos y ayudando en los quehaceres del hogar.
Sin embargo, en nuestra realidad de una enorme ciudad como es México, D.F., tanto la madre como el padre pasan mucho tiempo fuera de casa, pues se requiere en muchos casos del ingreso económico de ambos. A esto hay que agregarle que la familia vive en pequeños departamentos sin espacio suficiente para que los niños jueguen libremente, reduciéndose las actividades al manejo de aparatos electrónicos, televisión, etc.
Dada esta situación es muy bueno que exista el Jardín de Niños Waldorf , que brinda al niño el ambiente propicio para el desarrollo sano.
Jugar es un trabajo serio para los niños.
Los sentidos son las ventanas hacia el mundo. En los primeros siete años de vida educar es permitirle al niño ejercitar sus sentidos, así pues todas las actividades en el Jardín de Niños han de encaminarse al desarrollo sensorio. Los sentidos son las ventanas del cuerpo para mirar al mundo tanto de la naturaleza como del medio ambiente que le rodea, incluyendo a las personas. Todos los sentidos se interrelacionan y así permiten entender el “sentido” del mundo.
El mundo es bueno. Los niños en esta edad confían en que el mundo es bueno, y así imitan todo lo que los adultos hacen, y al mismo tiempo desarrollan su voluntad con actividades como: cantar, hacer rondas, dibujar, pintar, cocinar escenificar cuentos, coser, etc. La imaginación y la creatividad se desarrollan a través del juego.
Ritmo-Repetición-imitación. El niño pequeño debe crecer teniendo ritmos que se repitan diaria, semanal, mensual y anualmente, pues ello es fuente de salud para los pequeños. El amor del niño por la repetición puede observarse en su deseo de escuchar una y otra vez el mismo cuento. Los niños aprenden a través de la imitación, es decir, observan y luego hacen. Por ejemplo, en la actividad de pintura acuarela el niño observa como toma el pincel la maestra, como pinta y luego él mismo lo hará.